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jueves, 27 de octubre de 2011 0 comentarios

Modelos de, para y en la Educación

La Pedagogía como toda disciplina (junto a sus subdisciplinas), opera con categorías, no con lo real mismo –aunque esta aspiración sea la que motoriza la búsqueda -, es decir, la Pedagogía elabora modelos de estructuración de la realidad que podemos significar como modelos de, para y en la educación:

- Modelo de educación: producen efectos explicativos-predictivos. Definen realidad educativa. Cada Teoría pedagógica propone un modelo de educación que se inscribe en un paradigma o modelo epistemológico dado y se referencia en una Ética.

- Modelos para la educación: producen efectos normativos, prescriptivos. Señalan de que manera –metodológicamente hablando- se instaura una realidad educativa.

- Modelos en la educación: producen efectos operativos, o sea, de acción o intervención educativa en la dirección señalada.

Entre estos modelos –así también entre los efectos que ellos producen-, no se establece una relación jerárquica de subordinación, sino una relación de reenvío –estructura en cadena-: «Estos modelos consisten como diferentes posiciones en una red de relaciones reciprocas».

Nuñez , Violeta (1990) Modelos de Educación Social en la Época Contemporánea. PPU, Barcelona. pp 59


miércoles, 26 de octubre de 2011 0 comentarios

Todo es dato (las notas de campo)

Apuntes basados en el texto de Latour, Bruno (2008) Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor-red. Buenos Aires, Ediciones Manantial. Pp 194-196

En consonancia con nuestro interés en la elaboración de informes textuales y explicaciones, podría ser útil enumerar los distintos cuadernos de notas que uno debería llevar, manuales o digitales, ya no importa demasiado.

Nota a pie: Estoy usando cuadernos de notas de modo más bien metafórico, dado que ahora incluyen archivos digitales, tanto como films, entrevistas y sitios en la Web.

Primer cuaderno: reservado como una Bitácora de la investigación misma. Esta es la única manera de documentar la transformación que uno sufre al realizar el viaje. Citas, reacciones de terceros al estudio, la sorpresa que causa lo extraño del campo, etc. Deben documentarse lo más regularmente que sea posible. Sin ello, el experimento artificial de introducirse en el campo, de encontrarse en un nuevo estado de cosas, se perderá rápidamente. Incluso, años más tarde debe ser posible saber cómo se concibió el estudio, que persona se entrevistó, a qué fuente se accedió y así sucesivamente, con fecha y hora precisas.

Segundo cuaderno: debe servir para reunir información de tal modo que sea posible simultáneamente poner todos los elementos en orden cronológico y ordenarlos en categorías que se conviertan más tarde en archivos y subarchivos más y más refinados. Existe mucho software hoy en día que responde a esta especificación contradictoria, pero las personas de más edad como yo se han beneficiado enormemente de la tediosa reescritura de datos en tarjetas. Cualquiera sea la solución se ve muy facilitado si el conjunto de datos se puede preservar pero al mismo tiempo reorganizar de tantas maneras diferentes como sea posible. Es la única manera de volverse tan moldeable y expresivo como el asunto a abordar.

Tercer cuaderno: para pruebas de escritura ad libitum (espontánea). La adecuación única que uno debería esforzarse por lograr al desplegar embrollos complejos no puede obtenerse sin bosquejos y borradores continuos... Lo que sale espontáneamente del teclado son generalidades, clichés, definiciones transportables, explicaciones sustituibles, tipos ideales, explicaciones poderosas, abstracciones, en síntesis, la materia a partir de la cual se escriben sin esfuerzo, los géneros más sociales... Se deben hacer muchos esfuerzos por romper con la escritura automática; no es más fácil escribir informes textuales que descubrir el diseño experimental correcto en un laboratorio. Peor en el curso de la investigación pueden aparecer al azar ideas, párrafos, metáforas y tropos. –si no se les permite encontrar un lugar y una salida, se perderán o, aún peor, arruinarán el trabajo de recolección de datos, mezclando el metalenguaje de los actores con el de los analistas. Por lo tanto es siempre una buena práctica, reservar un espacio separado para las numerosas ideas que pueden venir a la mente, aunque sólo se las llegue a usar años más tarde.

Cuarto cuaderno: para registrar los efectos del informe escrito en los actores cuyo mundo ha sido desplegado o unificado. Este segundo experimento, sumado al trabajo de campo mismo, es esencial para verificar si un informe cumple su rol de ensamblar lo social. El estudio puede estar terminado, pero el experimento continúa: el nuevo informe agrega su acción preformativa a todas las demás y eso también produce datos... Dado que la relevancia de un informe arriesgado podría aparecer mucho más tarde, también tienen que ser documentados los rastros que deja a su paso.

Si no quieren tomar notas y escribirlas bien, no traten de dedicarse a la sociología; es la única manera que hay de volverse un poco más objetivo... los informes tratan de asir algunos objetos recalcitrantes por medio de algún dispositivo artificial con la mayor precisión, aunque este emprendimiento bien puede terminar en la nada. ¡Si solo una fracción de la energía dedicada en las ciencias sociales al comentario de nuestros eminentes predecesores se convirtiera en trabajo de campo! Como nos enseño Garfinkel: es práctica, del principio al fin.

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Las tres vías de acceso al saber científico de Inkeles, aplicado a la pedagogía

Un buen comienzo para dar vía a esta cuestión en nuestra disciplina pudiera ser la que ya han apuntado autores como Sáez (1986 y 1997) o Petrus (1988). Ésta se basa en el ya clásico esquema de los tres caminos o vías propuesto por el sociólogo Inkeles: la histórica (lo que se ha hecho al respecto), la práctica (lo que se está haciendo) y la analítica (lo que dicta la razón acerca de lo que esta disciplina o ciencia es o debe ser). (García Molina, 2003: 58)

En pedagogía social, para la definición de su objeto –al igual que en las demás ciencias-, existen varias opciones, según los planteamientos de delimitación sugeridos, entre otros, por autores como Inkeles (1968), Luque (1986) o Morales y abad (1989), y que, en lo fundamental, consideran que el objeto de una ciencia se puede abordar directamente por una triple vía –histórica, empírica y analítica- e indirectamente de modo comparativo con otras disciplinas. (Caride, 2005: 49)


Texto Original:
Inkeles, Alex (1968) ¿Qué es la sociología?. Uteha, México, pp. 2-3

Tres vías de definición
Tres caminos principales se nos ofrecen para definir el objeto o materia de la sociología:
1. El histórico, por el que buscamos en el estudio de las obras clásicas de la sociología la huella de las preocupaciones y problemas centrales que por tradición corresponden a la sociología como disciplina intelectual. En pocas palabras: nos preguntamos, “¿Qué dijeron los padres de la ciencia?”
2. El empírico, por el que estudiamos las obras sociológicas de hoy para averiguar los temas a que esta ciencia otorga atención preferente. En pocas palabras: nos preguntamos, “¿Qué están haciendo los sociólogos contemporáneos?”
3. El analítico, por el que dividimos y delimitamos a nuestro arbitrio algún tema capital y lo asignamos a alguna de las diversas ciencias. Nos preguntamos, en realidad: “¿Qué nos dicta la razón?”
El enfoque histórico tiene a su favor la fidelidad. Nos ofrece el medio de aprovechar los conocimientos del pasado. Nos permite comprender cuestiones que sólo podemos captar bien si conocemos sus antecedentes. Claro está que los lectores de la historia pueden sacar de un mismo texto enseñanza muy diferentes. Además, el método histórico apareja el riesgo de dar rigidez a nuestro pensamiento, ya que la tradición quizá nos preste escaso auxilio cuando afrontemos los problemas del presente o del futuro.
El método empírico es menos ambiguo: requiere sobre todo un método determinado de apreciación. Ciertamente, lo que los sociólogos contemporáneos destacan en sus obras quizá sea simple fantasía pasajera apenas vinculada con las obras importantes del pasado o escasamente provechosa en relación al futuro. Según el profesor Pitirim A. Sorokin, las actuales preocupaciones sociológicas sólo son “caprichos o debilidades”, y, en opinión de C. Wright Mills, revelan una decadencia de la “imaginación sociológica”.
El tratamiento analítico es el que presenta menores problemas. Unas cuantas líneas de definición, unas cuantas más de explicaciones y basta. Es un camino consagrado por el tiempo seguido siempre desde que lo marcó primeramente Augusto Comte, el padre de la sociología. Pero las normas divisorias de los dominios del saber humano no tienen fuerza de ley. Los doctos, los hombres de ciencia van adonde los llevan sus aficiones, estudian lo que les gusta y cuando quieren: son invasores por naturaleza, sin miramiento hacia los derechos de propiedad ni respeto a las señales de “prohibido el paso”. Por tanto, el definir a voluntad los campos de estudio, aunque a menudo sea aceptable desde el punto de vista formal, constituye, en general, mala guía para el conocimiento de la realidad. Nos presenta un buen plan básico, pero, por falta de reglas efectivas de clasificación, la estructura actual de la investigación suele apartarse mucho de ese plan.

Ver texto completo en Sociología y Educación
 
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